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Se dice que cuando aún era de noche, cuando aún no había luz, cuando aún no amanecía...dicen que se juntaron, se llamaron unos a otros los dioses,
allá en Teotihuacán...
En la ciudad sagrada se congregaron los Dioses más
importantes, entre ellos estaban los consternados Citlalnicue, Citlaltonac,
Apantecuhtli, Tepanquizqui, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, debatían sobre quién
habitaría la recién cimentada tierra, bajo los cielos inmensos apenas forjados.
Entonces Quetzalcóatl se avino a resolver prácticamente, el tortuoso dilema.
Descendió al Mictlán, al rumbo de los muertos y solicitó a su monarca, el gran
Mictlantecuhtli, que le entregara los huesos de las humanidades pasadas que
tenía guardados para sí.
-¿Qué harás con ellos Quetzalcóatl?, preguntó Mictlantecutli
Y una vez más dijo (Quetzalcóatl):
-Los Dioses se preocupan porque alguien viva en la tierra.
Y le respondió Mictlantecuhtli:
-Está bien, pero antes haz sonar mi caracol y da vueltas
cuatro veces alrededor de mi círculo precioso.
Pero el caracol divino no tenía orificio para soplar.
Quetzalcóatl pide auxilio de sus aliados los gusanos que perforan el caracol,
Quetzalcóatl llama luego a las abejas y abejorros que penetran el caracol y lo
hacen sonar con el zumbido deseado. Ante esto, Mictlantecuhtli debe de ceder y
entrega los huesos a Quetzalcóatl, aunque casi de inmediato se arrepiente y
ordena a sus súbditos que detengan a Quetzalcóatl para que no salga del Mictlán
con los huesos sagrados.
Ante esto, Quetzalcóatl pide a su nahual que vaya con los
Dioses del Inframundo y les anuncie a voces que los devolverá, pero
Quetzalcóatl no hace tal cosa y gana tiempo valioso para intentar escapar,
lleva ya un atado con los huesos de hombre y mujer mezclados para seguir su
camino.
Mictlantecuhtli furioso se lamenta:
-Dioses, ¿de verdad se lleva Quetzalcóatl los huesos
divinos? Dioses. Vayan y hagan un hoyo.
Los Dioses obedecen: cavan una trinchera en la tierra
calcinada, al Quetzalcóatl intentar sortear esta trampa es asustado por unas
codornices y cae al hoyo, los huesos se desperdigan alrededor suyo y son roídos
por las voraces codornices, Quetzalcóatl muere.
Quetzalcóatl revive y pide el consejo de su nahual, su
doble en la otredad:
-¿Qué haré nahual mío?
Y este le respondió:
-Puesto que la cosa salió mal, que resulte como sea.
De esta manera Quetzalcóatl reúne los huesos y sale al fin
del Mictlán, tiempo después arriba con su preciada carga a Tamoanchan, lugar
sagrado y de sortilegio perenne. Allí, la gran Diosa Cihuacóatl, patrona de la
fertilidad le ayuda a moler los huesos. A continuación esparcen los polvos
sobre un barreño. Quetzalcóatl entonces punza su miembro viril con una espina y
riega sobre los huesos, abundante sangre que emana de la herida, de esa mezcal
fabrica a los primeros hombres, los Dioses velan y hacen penitencia sobre el
milagro obtenido.
Luego los Dioses proclamaron:
-Han nacido Oh Dioses, los macehuales (los merecidos por
penitencia).
Pero los humanos, los macehuales precisan de un alimento.
A esto, Quetzalcóatl ha visto a una hormiga huir con un
grano en su espalda para internarse con él en la montaña de Nuestro Sustento.
Quetzalcóatl interroga a la hormiga sobre la procedencia del maíz, pero el insecto
se rebela y no le confiesa nada.
Quetzalcóatl se transforma en una hormiga negra, entra al
Monte de Nuestro Sustento y roba un grano de maíz, a continuación, lleva el
grano a Tamoanchan, donde los Dioses comen hasta saciarse.
Los Dioses piden que este sea el nuevo alimento de la
humanidad, así que Quetzalcóatl con una de sus advocaciones bajan al Mictlán a
donde se encuentra el Monte Sagrado, lo levantan y desgranan a palos, de ahí
brotan todas las semillas y bienes que serían adelante el alimento de la nueva
humanidad.
Leyenda de la creación de los hombres. Sacrificio humano, mito y poder entre los mexicas.
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